3 de abril de 2026
DE LA COMPRAVENTA AL ACCESO: TRANSFORMACIÓN CONTRACTUAL Y RECONFIGURACIÓN DE LA PROPIEDAD EN EL MERCADO CONTEMPORÁNEO
Por: Juan Felipe Valencia Ortiz*

En tiempos recientes se ha observado una expansión significativa de modelos contractuales basados en la obligación de permitir el uso de bienes o el acceso a servicios, tales como el leasing, el arrendamiento con opción de compra, o el contrato de suscripción.[1] Estas modalidades tienen la característica de permitir el disfrute de bienes o servicios sin que exista una transferencia inmediata de dominio.
Desde una perspectiva jurídica, la propiedad implica titularidad plena sobre un bien, es decir, los derechos de uso, goce y disposición sobre el mismo.[2] En contraste, en contratos como el leasing o el contrato de suscripción, el usuario tiene acceso al goce temporal del activo mediante pagos periódicos sin que este entre a su patrimonio ni obtenga los derechos residuales sobre el bien, por lo menos no de forma inmediata.
Este artículo analiza cómo la transición contractual, que favorece a contratos cuya prestación principal es garantizar el uso ininterrumpido de bienes o servicios, frente a contratos de transferecia de dominio, reconfigura la función económica y jurídica de la propiedad en el mercado contemporáneo. Se sostiene que este fenómeno no solo modifica la acumulación patrimonial individual, sino que altera la dinámica general de circulación de activos, desplazando el modelo clásico de dispersión de titularidades hacia uno de concentración de derechos y monetización recurente del uso.
La compraventa como contrato estructural
La compraventa ha operado como el contrato estructural del mercado, debido a que, mediante la prestación de dar, el adquiriente obtiene la titularidad plena frente al bien, permitiendo su movimiento en el mercado y transformando renta en capital mediante el crecimiento patrimonial.
El intercambio de cosa por precio culmina en la apropiación del bien, permitiendo que la propiedad se disperse entre múltiples agentes y creando, por ende, un mecanismo de acumulación patrimonial descentralizado.
Emergencia del leasing
Frente a este modelo, la primera alternativa contractual a analizar es el leasing, que surge históricamente como una técnica alternativa de financiación empresarial, consolidándose a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando debido a al contexto histórico se requería de un mecanismo que pudiese apalancar procesos de reconversión industrial y permitir el acceso a bienes sin comprometer el patrimonio de empresas.[3]
Las clasificaciones de leasing más utilizadas son el leasing financiero y el operativo; el financiero constituye un negocio jurídico complejo de estructura tripartita en el que intervienen proveedor, empresa de leasing y usuario. La empresa de leasing adquiere el bien como comprador frente al proveedor y lo concede en uso al usuario, quien asume la posición de arrendatario con opción eventual de adquisición, debido a que financia el bien a través del pago de los cánones. Mientras que el leasing operativo se caracteriza porque el bien forma parte del inventario del proveedor o fabricante, quien lo coloca en el mercado bajo esquemas de uso temporal, asumiendo generalmente los riesgos asociados al mantenimiento y obsolescencia, permitiendo que, sin una transferencia de propiedad, el bien pueda circular bajo esquemas recurrentes de utilización.[4]
Estas modalidades no sólo representan alternativas contractuales frente a la compraventa, sino que alteran la dinámica de circulación de la propiedad. Mientras la compraventa distribuye la titularidad, el leasing en sus distintas caracterizaciones tiende a concentrar la propiedad en manos de entidades especializadas, permitiendo que el uso se distribuya sin que la titularidad se fragmente; la consecuencia natural del leasing es que la titularidad y el uso frente al bien sean desagregados dentro de la ejecución del contrato.
La economía de la suscripción
Otro ejemplo de este fenómeno de sustitución contractual es que en los últimos años ha adquirido especial relevancia lo que la literatura denomina subscription economy, caracterizada por la proliferación de contratos de suscripción basados en el pago recurrente por acceso continuo a bienes o servicios.[5]
A diferencia de la compraventa tradicional y el mismo leasing, el contrato de suscripción no tiene como finalidad la transferencia del dominio ni la eventual adquisición del activo, sino la habilitación permanente de uso mientras subsista el pago periódico. En estos esquemas, el proveedor conserva la titularidad del bien, sea físico o digital, y monetiza su utilización de manera fragmentada en el tiempo, generando ingresos recurrentes en lugar de recibir el pago de un precio único.
Este modelo se ha expandido en sectores como software, entretenimiento digital, bienes tecnológicos e incluso productos de consumo duradero,[6] consolidando una lógica contractual en la cual el acceso sustituye estructuralmente a la propiedad. Así, la suscripción radicaliza la separación entre titularidad y uso ya presente en el leasing, profundizando la tendencia hacia la concentración del derecho de dominio en operadores especializados y la posibilidad de acceso al bien a cambio de la circulación de flujos periódicos en lugar de capitalización patrimonial.
Impactos macroeconómicos y empresariales
La expansión de los contratos de acceso se inserta en un contexto macroeconómico particular; a nivel global es posible evidenciar una reducción en la capacidad de la población a precisamente adquirir bienes patrimonialmente relevantes debido a un aumento de precios constantes, presiones inflacionarias y el crecimiento insuficiente de la capacidad adquisitiva de las personas.[7] Es decir, es posible evidenciar que existe un desarrollo paralelo de una crisis de renta que impide el acceso a la propiedad con un aumento en la aplicación de modelos contractuales que no están determinados por la prestación de dar, sino por la prestación de otorgar un uso ininterrumpido. La crisis contemporánea de renta no elimina la demanda de bienes, pero sí restringe la posibilidad de acceder a la propiedad plena. En este escenario, el ingreso promedio puede resultar suficiente para cubrir pagos periódicos asociados al uso, pero insuficiente para asumir el desembolso inicial o el compromiso financiero que exige la adquisición del dominio.
Por otro lado, la sustitución contractual no responde únicamente a restricciones de los consumidores. Desde una racionalidad empresarial, el leasing, por ejemplo, permite evitar la inmovilización de capital, reducir exposición a depreciación y, en ciertos casos, optimizar cargas fiscales y contables.[8] Registrar el uso como gasto operativo en lugar de capitalizar el activo modifica la estructura financiera de la empresa y en consecuencia, aporta a la transformación en la forma en que los activos circulan en el mercado.
Reconfiguración de la propiedad
La sustitución progresiva del contrato de transferencia de dominio por contratos con prestaciones de garantizar el uso, ya sea a través del leasing financiero y operativo o mediante esquemas de suscripción, no solo altera la acumulación patrimonial individual de personas naturales y jurídicas, sino que reconfigura la función económica de la propiedad en el mercado contemporáneo.
La propiedad deja de operar como destino natural del intercambio contractual y como mecanismo ordinario de capitalización descentralizada, para convertirse en un activo estratégicamente retenido por operadores especializados que monetizan su utilización de forma recurrente. Mientras el leasing desagrega titularidad y uso, preservando la propiedad plena en entidades financieras o productivas, la suscripción profundiza esta lógica al eliminar incluso la expectativa de adquisición futura.
Se produce así una transformación en el movimiento de la propiedad: de un esquema de dispersión de titularidades, característico del contrato de compraventa, hacia un modelo de concentración del derecho de dominio y circulación fragmentada de utilidades. El mercado ya no se estructura predominantemente en torno a la transferencia de capital, sino en torno a la monetización continua del uso, desplazando la propiedad del centro de la dinámica contractual hacia la periferia estratégica de operadores que conservan el control del activo.
Conclusión
La sustitución progresiva de la compraventa por contratos cuya prestación es permitir el uso initerrumpido, leasing financiero, leasing operativo y suscripción, reconfigura la función jurídica y económica de la propiedad en el mercado contemporáneo. Esta transformación genera una tensión estructural entre dispersión y concentración: mientras el uso se amplía y se fragmenta entre múltiples agentes, la titularidad tiende a concentrarse en operadores especializados.
El tránsito del dominio al acceso no solo modifica la acumulación patrimonial individual, sino que redefine la manera en que la propiedad circula y se organiza el capital en la economía actual.
*Monitor del Departamento de Derecho de la Empresa y los Mercados y estudiante de cuarto año de derecho.
[1] Renu Verma, Kaveri Khound, Vagish Mishra. 2026. «Subscription Economy and the Transformation of Ownership: A Review of Value Perceptions and Retention Strategies.» Advances in Consumer Research.
[2] Congreso de la República de Colombia. (1887). Código Civil Colombiano, art. 669.
[3] Cárdenas, Luis Gonzalo Baena. 2014. El leasing habitacional: instrumento para financiar la adquisición de vivienda. Bogotá: UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA.,
[4] Ibídem.
[5] Alexandru Tugui, Paula Cobzaru. 2024. «The Subscription Economy and Its Contribution to the Global Economy.» Management Studies.
[6] Renu Verma, Kaveri Khound, Vagish Mishra. 2026. «Subscription Economy and the Transformation of Ownership: A Review of Value Perceptions and Retention Strategies.» Advances in Consumer Research.
[7] International Labour Organization. 2025. «Global Wage Report: Is wage inequality decreasing globally.» Switzerland.
[8] LEY 1819 DE 2016, Diario Oficial No. 50.101 de 29 de diciembre de 2016, Artículo 76.